Mientras se reanudan los viajes por tierra entre México y Estados Unidos con el levantamiento de algunas restricciones relacionadas con la pandemia, más de 1.200 migrantes permanecen en un campamento improvisado en el paso fronterizo de Chaparral.

Mayra Gutiérrez, que huye de la violencia en su Lázaro Cárdenas natal, en el estado de Michoacán, lleva 6 meses en el campamento con su hija de 10 años.

Mayra Gutiérrez, migrante mexicana: “Nosotros tenemos ganas de   llegar a Estados Unidos. Ese es el único pensamiento que hay . Todos así como   tristes como  desesperados. Es  lo que se siente  aquí.

Flor Deli Mejía Zamora, de 29 años y madre de 6 hijos, huyó de Guerrero por la violencia y el acoso a sus hijas adolescentes.

Flor Deli Mejía Zamora, migrante mexicana: “Todos teníamos la esperanza  que al abrirse pues se iban a abrir   las oportunidades de asilo pero no nos han dicho nada”.

Mejía Zamora dice que todas las mañanas llega personal del ayuntamiento de Tijuana para pedirles que se trasladen a los albergues.

Aunque el campamento está vallado desde finales de octubre, la mayoría de los migrantes prefieren quedarse en él porque pueden entrar y salir sin limitaciones y permanecer cerca de la frontera.

José María García Lara, coordinador de la organización Alianza Migrante de Tijuana, calcula que entre el campamento de Chaparral y los albergues de la ciudad, unos 3.000 migrantes esperan su oportunidad para presentar su caso de asilo en Estados Unidos.