Cárteles dependen de estadounidenses para albergar y transportar a indocumentados en EEUU

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Ofrecen entre cien y mil dólares a ciudadanos y residentes legales para llenar vacíos en sus redes de tráfico de migrantes

EL PASO, Texas (Border Report) — Las autoridades señalan con frecuencia a los cárteles de la droga mexicanos por traer migrantes a la frontera estadounidense. Pero cuando los extranjeros que buscan una mejor vida sortean el muro fronterizo o el desierto, depende de un pequeño ejército de ciudadanos estadounidenses y residentes legales asegurarse que lleguen a su destino.

Estas personas (camioneros, desempleados e incluso estudiantes de secundaria) reciben tan poco como $100 por llevar migrantes a hoteles y casas de seguridad locales y miles de dólares para llevarlos a su destino final. Esto es lo que revelan entrevistas con expertos y una revisión de casos pendientes en la corte federal de El Paso.

“La idea de dinero rápido atrae a la gente. Cien dólares no parece mucho, pero si puedes hacer cinco o seis viajes rápidos al día, no está mal”, dijo Víctor M. Manjárrez Jr., director asociado del Centro de Derecho y Comportamiento Humano de la Universidad de Texas en El Paso. “La paga depende de la distancia y el riesgo. No vas a ganar $100 llevando a alguien a Dallas o Houston, vas a ganar mucho más que eso”.

El mes pasado, la Patrulla Fronteriza detuvo a más de 180 mil migrantes que escalaron el muro, vadearon el Río Bravo o se adentraron desierto abierto a lo largo de la frontera suroeste. Pero por cada migrante bajo custodia, mil más escapan diariamente. Ahí es donde los contrabandistas ocupan gente “con papeles”.

Victor M. Manjárrez Jr.

La Carretera Fronteriza (Border Highway) de El Paso corre a escasos metros de un muro fronterizo de bolardos de acero de 18 a 30 pies. En una tarde reciente de marzo, los agentes de la Patrulla Fronteriza vieron a varios migrantes bajar del muro cerca de la salida de Midway Drive.

Los agentes detuvieron a los indocumentados y confiscaron un teléfono celular. Un agente recibió permiso para examinar el teléfono y llamó a un número que aparecía repetidamente. Haciéndose pasar por el migrante, el agente recibió instrucciones del contrabandista que caminara hacia las casas y esperara a que un automóvil lo recogiera a él y a sus compañeros.

Los registros judiciales muestran que una camioneta roja llegó a una intersección preestablecida y el conductor les gritó a varios agentes de la Patrulla Fronteriza vestidos de civiles “¡suban, suban idiotas!”

El conductor posteriormente identificado como Jesús Illarramendi, un residente legal permanente de los Estados Unidos, le dijo al agente que un hombre de apellido “Marín” le ofreció $100 para transportar a cada migrante a una casa de Emerson Street. Según registros judiciales, les dijo a los agentes que Marín anteriormente le había pagado $400 por llevar cuatro migrantes a un lugar similar.

Illarramendi tiene pendiente una audiencia este mes.

Además de las casas particulares, los complejos de apartamentos y los hoteles son lugares populares para ocultar migrantes.

El puente internacional Paso del Norte entre El Paso, Texas y Juarez, Mexico. (Border Report)

‘Hacía frío, y me sentía mal por ellos’

El 27 de enero, agentes de la unidad anti-contrabando de la Patrulla Fronteriza establecieron vigilancia en un Red Roof Inn del oeste de El Paso. Los agentes observaron a un ciudadano estadounidense, Alejandro Martínez, estacionar su auto cerca de una habitación de la cual dos hombres salieron para hablar con él.

Los agentes se movilizaron y establecieron que los recién llegados eran inmigrantes indocumentados. Después de tocar en la habitación 111, los agentes encontraron a dos migrantes más sentados en la cama y cuatro escondidos en el baño. También se toparon con otra estadounidense.

Jessica Cisneros dijo a los agentes que un hombre llamado “Soshu” le pidió que hospedara a los migrantes gratis en su habitación de hotel y que ella estuvo de acuerdo porque “hacía frío y me sentía mal por ellos”, según muestran los registros judiciales.

Martínez, por otro lado, les dijo a los agentes que le iban a pagar $450 por transportar a los migrantes. Supuestamente dijo que necesitaba mantenerse a sí mismo y a su hija.

Unos pocos cientos de dólares parecerían no justificar el riesgo de una sentencia de prisión federal, pero Manjárrez dijo que “el dinero por debajo de la mesa” es atractivo para aquellos que tienen poco o nada. Además, las conexiones familiares y de amigos son un atractivo importante.

“Por lo general, nunca es un extraño. Es un miembro de la familia o un amigo el que te involucra. Puede ser solo un conocido, pero siempre es alguien en quien confías al menos un poco”, dijo Manjárrez.

Los encargados de casas de seguridad también suelen ser locales.

Abandonan la franja fronteriza en autobuses, camiones

En noviembre pasado, los agentes de la Patrulla Fronteriza establecieron vigilancia en una estación de autobuses del centro de El Paso sospechaban era utilizada por traficantes.

Una mujer identificada como Emilia Gamino Barrón supuestamente entró en la estación de autobuses con cinco personas “caminando en línea recta” detrás de ella, según archivos judiciales. La mujer salió de la estación de autobuses y se dirigió a un Nissan Versa gris donde esperaban más personas.

Cuatro de los cinco ocupantes salieron y caminaron hacia la estación de autobuses. Los agentes de la Patrulla Fronteriza se movilizaron, deteniendo a siete ciudadanos de Ecuador y dos de México y arrestando a Barrón y al conductor del Nissan, William Orin Howard, ambos ciudadanos estadounidenses.

La mujer invocó su derecho a un abogado, pero Howard le dijo a los agentes que Barrón y el novio de ella le habían ofrecido $100 por llevar a los migrantes desde un complejo de apartamentos en El Paso a la estación de autobuses, según registros judiciales. Howard les dijo a los agentes que “sabía que estaba mal, pero necesitaba el dinero”.

Manjárrez dijo que establecer una casa de seguridad clandestina en la frontera no es caro. Los contrabandistas suelen alquilar una sola casa o apartamento sin amueblar por cantidades por debajo de los $700 mensuales en ciudades como El Paso.

“La inversión es muy baja. Supongamos que encuentra una casona vieja en el centro de El Paso, lo cual no es tan difícil o caro”, dijo el exjefe de la Patrulla Fronteriza de los sectores de El Paso y Tucson. “Es una inversión baja en comparación con las ganancias”.

La naturaleza de una casa de seguridad la hace difícil de detectar. El inmueble está vacío hasta el día en que se va a utilizar. Además, los gerentes no son criminalmente responsables a menos que las autoridades puedan demostrar que sabían o deberían haber sabido razonablemente que se había llevado a cabo una actividad delictiva allí.

“¿Cómo comprueban las autoridades conocimiento? El gobierno tiene que demostrar conocimiento, fomento y ganancia”, dijo Manjarrez. “Se vuelve realmente difícil cuando el (gerente) dice: ‘Solo estoy alquilando un apartamento’, y puede que esta persona ni siquiera viva en el lugar”.

Uno de los puntos de revisión de la Patrulla Fronteriza en Texas. (Border Report)

La última etapa del tráfico de migrantes en el lado estadounidense de la frontera es el transporte al interior del país.

Los contrabandistas no solo tienen que evitar ser detenidos por infracciones de tráfico inoportunas, sino que también deben sortear la red de puntos de revisión carreteros de la Patrulla Fronteriza.

En la mañana del 13 de enero, un agente de la Patrulla Fronteriza fuera de servicio vio a un grupo de personas parados afuera de un Hobby Lobby en el oeste de El Paso. No sería inusual, excepto que la tienda no abriría hasta dentro de dos horas.

Se quedó en el estacionamiento y observó a dos hombres y una mujer con un bebé caminar hacia un camión que tiraba de una plataforma con placas de cobre estacionado en un Sam’s Club cercano. El agente vio a los tres adultos con el bebé subir a la cabina del camión, que luego se dirigió hacia la Interestatal 10.

Aproximadamente 100 millas más tarde, el camión llegó al retén de la Patrulla Fronteriza en Sierra Blanca, Texas. El conductor, Pedro Antonio Ortiz, se puso nervioso y se negó a que su vehículo fuera revisado, según muestran los registros judiciales. Se le ordenó colocar el camión en un área conocida como inspección secundaria, donde un perro policía alertó a la Patrulla Fronteriza de la presencia de personas en la cabina.

Los agentes detectaron a los tres adultos con el bebé y confirmaron que eran migrantes no autorizados. Después de eso, los registros judiciales muestran que Ortiz le dijo a un agente de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) que un amigo le pidió que transportara a los migrantes por $3 mil dólares. Ortiz supuestamente le dijo a HSI que anteriormente había transportado a un migrante para su amigo, quien todavía le debía $1,000 por el viaje.

Ortiz también tiene audiencia en un juzgado federal en junio por presunto transporte de inmigrantes indocumentados.

Para esta y otras noticias de inmigración, visita la página BorderReport.com.

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